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El Acuerdo de Cancún

publicado a la‎(s)‎ 17 dic. 2010 6:28 por Verónica Coroleu | FuCER   [ actualizado el 17 dic. 2010 6:30 ]

16 de diciembre de 2010

La COP 16 celebrada en Cancún, México, ha finalizado y pese a las bajas expectativas que existían antes de la Cumbre, tras arduas negociaciones se alcanzó una serie de acuerdos positivos, que implican un paso en las negociaciones.

Cuando todo hacia presagiar un fracaso mayor a Copenhague, o lo que es peor, llevar todas las negociaciones a la próxima COP en Sudáfrica, finalmente ya entrada la madrugada del sábado se alcanzó un consenso entre los 192 países, siendo Bolivia el único país que rechazó el acuerdo.

Sin embargo e independientemente de cómo se implemente Cancún de aquí en adelante, es para destacar el papel de la presidencia de la Cumbre, encabezada por la canciller mexicana Patricia Espinosa, no sólo por destrabar la negociación sino además por su habilidad para devolver un poco de confianza entre los países y abrir un proceso que había sido dañado fuertemente en su credibilidad tras el fracaso de Copenhague.

No obstante, resulta prematuro hacer una lectura única de lo que implica Cancún y será necesario seguir con especial atención el desarrollo de las negociaciones y las próximas dos cumbres de Cambio Climático, tanto en Sudáfrica 2011 como Rusia 2012, que resultarán claves para el armado de la arquitectura propuesta por Cancún. En ese sentido, todavía no puede hablarse de fracaso o éxito de la Cumbre, sino más bien de un texto equilibrado que debe materializarse y satisfacer sus propias expectativas.

Tampoco puede desconocerse que hubo avances e incluso muchos más de lo que los propios países desarrollados pretendían, como por ejemplo la creación de un fondo de u$s 30 mil millones que podrá usarse a partir de 2012 para tomar medidas inmediatas contra el Cambio Climático y otro financiamiento a largo plazo denominado fondo verde, que aportará u$s 100 mil millones de dólares anuales a partir de 2020, que será organizado por un Comité en el que los países en vías de desarrollo tendrán un papel preponderante y cuyo fideicomiso va ser administrado por el Banco Mundial, quedando por resolver su integración y financiadores.

Otro gran adelanto se ha dado en materia de adaptación al cambio climático, mediante la creación del Comité de Adaptación. Se establecerá un registro de acciones para reducir emisiones por parte de países en desarrollo y apoyo financiero de países industrializados, que además publicarán informes de avance cada dos años.

A su vez, un aspecto positivo fue el gran apoyo que se le ha dado al mecanismo REDD, que busca reducir las emisiones de gases de invernadero producidas por la deforestación y la degradación de los bosques. Se incluyeron salvaguardas socio ambientales como los procesos de consulta con las comunidades locales y originarias y el reconocimiento de sus derechos. En principio debe tomarse como una noticia positiva para América Latina por su rico patrimonio en ese rubro y el gran papel que puede desempeñar en el futuro, pero incluye muchos puntos importantes

que deben ser negociados y establecidos antes de la próxima cumbre en Durban, Sudáfrica.

Finalmente aunque se mantiene la brecha de los 2 grados centígrados- que resulta insuficiente para asegurar la protección de los glaciares andinos y la supervivencia de las pequeñas islas-, es positivo que se haya dispuesto al año 2015 para revisar los niveles de emisión y de esa manera asegurar frenar el calentamiento global en 1.5º.

TEMAS PENDIENTES

Pese a los valorables avances mencionados anteriormente, cuestiones centrales como los niveles de reducción de emisiones y el futuro del protocolo de Kioto, no han sido resueltos y probablemente sea Durban el lugar donde se deban encauzar. Tampoco se establecieron gravámenes a la transportación marítima y aérea, que hubiera permitido percibir una sustancial cantidad de nuevos recursos.

Pero independientemente de lo que se ha contemplado y lo que se omitió, es importante que la discusión se centre en cuales serán las acciones y mecanismos en el corto plazo para llevar a la práctica y escala real los objetivos plasmados en el documento, que de esa manera permitan garantizar reducciones de emisiones reales.

Los ritmos de las negociaciones internacionales deben adaptarse a las necesidades que nos ofrecen los actuales y futuros escenarios, y en este sentido es fundamental que la discusión internacional avance en medidas concretas y de real compromiso que no lleguen tarde a las consecuencias adversas del Cambio Climático.

CONTACTO PARA ENTREVISTAS, NOTAS E INFORMACIÓN

Federico Sangalli // fsangalli@farn.org.ar // Cel. 011-15-4070-0397
 

Fundación Ambiente y Recursos Naturales, miembro de la Plataforma Climática Latinoamericana

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